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Matemáticas con Lego en educación infantil

No sé a los vuestros, pero a mis niños les encantan los Lego. Prácticamente todas las tardes sacan la caja con las piezas. La mayoría de las veces es juego libre, claro, pero de vez en cuando aprovecho para meter alguna actividad con la que puedan practicar alguna habilidad matemática o repasar algún concepto.

Incluso cuando es juego libre, practican conceptos matemáticos. Por ejemplo, a mi hijo, le gusta construir los personajes de las películas de dibujos. Tuvo una época (con tres o cuatro años) en la que le dio por Ice Age y aquí os enseño cómo nos quedó el mamut:

  

Aunque inicialmente la construcción la hice yo, el de la imagen está construido completamente por mi hijo. Fue capaz de reproducir bastante fielmente el inicial, incluso mejorarlo. Y este simple mamut también tiene matemáticas.

Tiene simetría respecto a su eje cabeza-cola, tiene 4 patas todas de la misma altura y sobre la trompa 3 piezas verdes que representan las tres sandías que los dodos defienden a capa y espada en la película. Este último detalle parece una tontería, pero es casi el más avanzado, ya que demuestra cómo el niño es capaz de reconocer cuantas sandías hay en la película y trasladarlo a su construcción.

Una de las ventajas para los padres, de hacer actividades con Lego, es que requiere muy poca preparación. No es necesario descargar ni imprimir fichas, no hay que reunir materiales (con las piezas de lego que tengas en casa bastará), no hay que presentar al niño nuevos materiales ni enseñarle a usarlos. Además se pueden adaptar en dificultad fácilmente según veamos que se desarrolla la actividad. Para mi gusto todo ventajas, siempre que al niño le interesen los Lego.

A continuación os presento una selección de 3 actividades adecuadas para educación infantil desde el primer curso (aunque también les encantan a los niños de los primeros cursos de primaria!):

  1. Torres de colores.
  2. Mayor y menor.
  3. Grafía del número, cantidad y color.

Grafía del número, cantidad y color

Esta actividad es muy potente y requiere muy pocas explicaciones. Creo que a partir de la imagen te imaginas como funciona, pero de todos modos te lo cuento y así comentamos qué hay detrás y como sacarle el mayor partido.

Dividimos un folio en 4 partes (podemos cortarlo o marcar las partes con un rotulador como las de la imagen). En cada parte escribimos bien grande y en diferentes colores, los números que queramos trabajar. Pueden ser consecutivos (en el caso de la imagen del 1 al 4) o no. También podemos utilizar más de un folio para trabajar con más números; eso sí, teniendo cuidado de hacerlo siempre de acuerdo a las necesidades del niño. Utilizaremos colores que se correspondan con los de las piezas de Lego que tengamos disponibles.

Entonces le entregamos la hoja al niño y le pedimos que ponga en cada parte el número de piezas que indica el número que hay escrito y tienen que ser del mismo color que el número!

Y listo!! Así practican el conteo de piezas de un cierto color y reconocer la grafía de los números. Además podemos aprovechar para invitar al niño a que repase los números con el dedo o con una pintura, así también practica la escritura.

Ya sabéis que me gusta ser flexible con las actividades y siempre os animo a que las adaptéis según os parezca. Esta actividad se presta para que presentemos  colores nuevos para los niños (lila, azul claro, azul oscuro, verde pistacho… Ahora los Lego tienen unos colores chulísimos»), a trabajar solo con número pares o impares (tal vez más adecuado para primaria), a trabajar sólo con piezas con forma de cuadrado/rectángulo…

Y por último (pero no por ellos menos importante) quería haceros un comentario sobre la imagen. No sé si habéis reparado en el detalle de la foto. He puesto esta porque me resulta simpática y muestra cómo en ocasiones, debemos modificar nuestras pretensiones como padres y dejar al niño hacer. Si te fijas en el número 2 verde, las piezas que hay en su casilla… son 4!! Así decidió colocarlas mi hijo… Yo le hice ver que no había seguido las instrucciones: «Oye, pero este número cual es? Aquí parece que hay muchas fichas, no?? «. Y él, con toda naturalidad y convicción me dijo: » Sí, unas no me hacen falta, pero es que quería hacer así un cuadrado». Pues no se hable más. Está claro que el niño sabe contar y sabe los números, así que si al colocar juntas las piezas verdes ha observado que podía construir un cuadrado y ha añadido piezas hasta completarlo… perfecto! Ese aprendizaje y esa capacidad de observación son mucho más valiosos que forzarle a que retire dos piezas, no os parece? La idea es que nosotros les vamos a dar las herramientas para que aprendan, pero son ellos los que construyen sus aprendizajes, y cada uno lo hace a su manera, que no siempre coincide con la nuestra. Esta respuesta del cuadrado, nunca os la dará un niño de 3º de primaria, que ya tiene claro que lo más importante es seguir las instrucciones; sólo los más pequeños  aún se atreven a explorar libremente.  A mi modo de ver, este comportamiento hay que potenciarlo, porque los problemas del futuro no tienen instrucciones para resolverse.

 

Torres de colores

Esta actividad es sencilla y tiene mucho potencial.

La versión clásica  consiste en entregar al niño una hoja donde se representan de forma esquemática varias torres de piezas de Lego, con diversos tamaños y colores, como los de la imagen. El objetivo es que el niño reproduzca los modelos con piezas reales.

Variante 1: No imprimamos nada! En su lugar juguemos por turnos! He jugado mil veces a las torres (o las filas, ver variante 2) y nunca he llegado a imprimir ningún modelo. Creo que tener los modelos impresos es buena idea si queremos que el niño haga la actividad él solo (por ejemplo es útil en una clase en la que haya 20 niños o para niños más mayores), pero si vamos a sentarnos con ellos mientras hacen la actividad, no veo la necesidad. Ahora bien, si a ti te resulta útil, te he dejado una selección de imprimibles en uno de mis tableros de Pinterest para infantil.

Si jugamos por turnos, creo que es más motivador. Primero el adulto construye una torre y le pide al niño que construya otra igual, con los mismos colores y en las mismas posiciones. La altura de la torre debe ser adecuada para el niño. Es preferible empezar con pequeñas torres de 3 ó 4 elementos, para que el niño sea capaz de reproducirla sin problema las primeras veces. Cuando el niño ha construido nuestra torre, lo celebramos y entonces deshacemos las dos.

Ahora vamos a pedirle que sea él quien construya una torre. Pero vamos a pedírselo de forma motivadora y anticipando lo que va a pasar: “Venga, ahora tú construyes una torre, de 4 pisos y yo voy a intentar hacerla igualita. A ver si me sale tan bien como a ti”.  Y cuando la haya construido, nosotros construiremos otra igual.

Según vaya cogiendo soltura en copiar los patrones, iremos aumentando el número de pisos, pero es preferible ir poco a poco a que el tamaño le abrume y no le apetezca jugar más. Si queremos simplificar la actividad, también podemos hacerlo reduciendo el número de piezas entre las que ha de elegir. Parece una actividad sencilla, pero para niños de 3 a 5 años, presenta cierta dificultad.

Cuando tenga la dinámica bien aprendida, en nuestro turno podemos fallar a propósito, para ver si se da cuenta del error. Si no se da cuenta lo evidenciaremos nosotros, pero siempre en positivo. Esto nos permitirá servirle de ejemplo y enseñarle a reconocer un error. Ojo, que los adultos hacemos fatal esto de reconocer errores! Nada de “ Uy que tonta, me he confundido!” ni “Lo he hecho fatal”, ni nada parecido. Mejor algo así como: “Uy, pues es verdad, mi torre no es igual que la tuya… me he confundido”.

Lo mejor es pedirle ayuda y aceptarla, claro. Casi seguro que él va a tomar las riendas y va a resolverte “el error”, pero si no es así, ayúdale a ver qué pieza es la que falla y como podríais arreglarlo. Así aprenderá a resolver el problema, se sentirá útil (porque te está ayudando a ti) y se sentirá capaz, ya que la confianza en sí mismo crecerá torre tras torre.

 Variante 2: Los trenes. Hay niños que se vuelven locos con las torres (por ejemplo el mío!), y siempre quieren hacerlas más y más altas. Eso es genial, muy divertido y un reto estupendo como otro cualquiera, pero no para esta actividad.

Para resolver este problema os propongo una variante en horizontal y con la que además podemos limitar el número de piezas para no perder el norte! Se trata de utiliza una base de Lego donde encajar, ahora en horizontal, las mismas piezas que antes colocábamos en vertical.

La mecánica es la misma, el adulto hace una fila y el niño debe reproducirla igual. Y luego se intercambian los papeles.

Variante 3: Más niños, más aprendizajes! Si hay más niños es aún mejor. No soy partidaria de hacer de esto un juego competitivo.

Si hay dos niños, por turnos uno construye su propia torre y el otro la “copia”. Si hay más de dos también pueden jugar así, por turnos; pero hay una variante mejor: Uno construye su torre y todos los demás la copian haciendo una única torre entre todos, buscando las fichas correctas y colocándolas, así el juego resulta también colaborativo.  Eso sí, es importante supervisar esta dinámica, ya que puede ocurrir que un niño se quede al margen y no se sienta capaz de ayudar al grupo. En este caso es mejor hacer la actividad por turnos (siempre no competitivos), hasta que este niño coja confianza.

Qué conseguimos que haga el niño con esta actividad:

  • Prestar atención a un modelo y analizarlo: al ser un modelo físico y palpable, en caso de no imprimir, analizaran: color, forma, tamaño, posición, cantidad…
  • Seleccionar piezas concretas de un conjunto amplio (seguro que la cantidad de piezas de lego en tu casa es “un conjunto amplio”, jajajja).
  • Secuenciar colores.

Esta actividad es una de las formas más sencillas de introducir y practicar la resolución de problemas en infantil.

Pruébalo! Me encantará conocer tu opinión y la de tus hijos! Si necesitas cualquier aclaración o consejo, no dudes en dejármelo también en los comentarios y así sirve para todos.

Mayor o menor

Suele ocurrir que los niños de 2 a 5 años, conocen perfectamente los conceptos grande y pequeño, pero esto no implica que cuando aprenden los números, entiendan cuál es mayor que cuál. Normalmente entienden de forma natural las cantidades que representan el 1, el 2 y “muchos”, pero difícilmente saben de forma natural la diferencia entre el 5 y el 7 (sobre todo con 3 ó 4 años).

La siguiente actividad con Lego permite visualizar qué número es físicamente mayor que otro.

Aunque la idea de decidir si un número es mayor o menor que otro, implica sólo a dos número, a mí me gusta empezar representando todos los números (quiero decir del 1 al 10, o del 1 al 8…) , así tienen una visión de conjunto. Si el niño es algo más mayor o ya tiene esa visión general, podéis saltar este primer paso. Aunque realmente no os lo recomiendo, ya que de esta representación se pueden deducir otras propiedades de los números, que no es habitual que tengan interiorizadas en infantil.

Los materiales necesarios son los mínimos: 1 ó 2 folios (según la cantidad de números con los que vayáis a trabajar), rotulador y piezas de Lego (todas de la misma forma y tamaño). Para preparar la actividad, lo único que hay que hacer es cortar los folios en 8 ó 16 trozos iguales y escribir un número en cada trozo de papel. Si queremos introducir el signo “mayor/menor” (>/<), podemos escribirlo también en otro trozo de papel y, aunque en educación infantil no es necesario, puede resultar natural dentro de esta actividad.

    Para empezar a jugar, colocamos las tarjetas numeradas en el suelo y pedimos al niño que haga una torre delante de cada una tan alta como indique el número. Esto de que el número indique la altura no es algo evidente, de hecho este concepto es el objetivo de la actividad, así que les podemos ayudar diciendo que hay que poner tantas piezas como indique el número. Contar piezas y encajarlas, son instrucciones más claras.

   Así construimos algo como esto.

Ahora podemos preguntarle cual es el número más pequeño y cual el más grande. A la vista de las torres, seguramente no le será difícil identificarlos.

Podemos entonces adelantar dos de las torres, empezando por parejas bastante diferentes, como el 2 y el 5 y preguntarle cuál de ellos es mayor. Eligiendo diferentes parejas de números podemos jugar un rato a identificar el mayor y el menor.

Aprovechando que tenemos delante los números, pongamos del 1 al 10, representados “físicamente”, podemos observar diferentes propiedades:

 

  • Forman una escalera: esto es, si ordenamos los números del 1 al 10, su magnitud también está ordenada, si avanzamos por la escalera, siempre subimos o siempre bajamos, pero no hay saltos arriba y abajo, este es el verdadero motivo de que digamos 1-2-3 y no 2-1-3, por ejemplo.
  • Aprovechando la escalera, podemos proponer contar hacia atrás. En abstracto, sin los números escritos delante ni la representación de su magnitud, resulta difícil para los más pequeños, pero con esta escalera y los números debajo, la cuenta atrás es mucho más significativa. Para esto podemos utilizar un muñeco que recorra la escalera subiendo y bajando mientras cantamos el número del escalón en el que está.
  • Y una vez más, la escalera permite ver cómo van aumentando los números. Podemos empezar viendo como la altura de los escalones es la misma si ordenamos “bien” las torres, pero son de diferentes alturas si los descolocamos o quitamos uno de ellos de la escalera. Esto nos puede llevar a ver como añadiendo una pieza a una torre, esta “alcanza” la altura de la siguiente. Y al contrario, quitando una pieza de cualquier escalón, este se “reduce” al tamaño del anterior.  Así introducimos la idea de sumar o restar una unidad.

Está bien hablar indistintamente de escalón o torre, mezclándolos a propósito. Así ayudamos al niño, aunque parezca lioso, a no perder de vista que la construcción es sólo una representación, no importa que lo veamos como escalón o torre, lo importante es que representa al número que está en la tarjeta. De hecho, cuando el niño tiene cierta soltura, está bien retirar las torres y hacer las comparaciones directamente con las tarjetas.

No debemos pretender ni esperar que el niño vea estos conceptos el primer día que hacemos esta actividad, de hecho es preferible que los descubra poco a poco. Podemos sugerirle alguno, y dejar que él explore y saque sus propias conclusiones poco a poco.

Como decía al principio, podemos hacer otra versión del juego, sin escalera. Consiste en poner las tarjetas numeradas boca  abajo y elegir dos. El niño construye las torres correspondientes sólo a esos dos números y decide cual es mayor y cual menor.